Buscando color aprendí más de mucho que de lo poco que sabía

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Soy de los que le gusta hacer las cosas desde cero. Quizá es el camino más largo o el que tiene más tropiezos, pero para mí es el camino que me enseña de verdad.

Darle olor a un pan es muy sencillo, tan sencillo que con solo ir a una de estas tiendas donde venden esos tintes vegetales -o de quién sabe qué-se lo agregas a la masa, generalmente junto a la mantequilla o grasa que lleve la receta y listo, tienes un pan azul, violeta, vino tinto, verde manzana, y hasta color choro corriendo.

Todo perfecto, bonito y radiactivo, PAN AZUL CELESTE, VERDE MANZANA, no sé, pero esos colores no me cuadran.

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Viendo esto me pregunté: existiendo tantos colores en la naturaleza, ¿por qué no hacer mis propios tintes? Es allí donde me pongo a investigar y me animo con el color menos popular en la comida: EL NEGRO. Sí, el negro, porque ese color sencillo… ¿quién ha visto un pan negro?

Mis primeros panes negros los hacía con tinta de calamar o de sepia. Luego de que su valor sobrepasara la órbita de alfa centauri, el serrucho se trancó y me tocó ponerme a estudiar cómo hacer un pigmento o tinta que lograse el negro más negro que pudiese. Es allí que después de estar viendo un documental de cómo hacen las cremas dentales y cómo se arman andamios en china, se me ocurrió usar el bambú para hacer el pigmento negro.

Lo que hice fue carbonizar y moler hasta llegar a un polvo tan fino como el talco. Para lograrlo, esto me lleva como 15 días de trabajo.

Todo estaba muy chévere hasta que el mercado exigió otro colores: rojo, amarillo, verde… todos hechos en mi laboratorio. Esta exigencia me puso a estudiar cómo extraer colores de vegetales, tubérculos o frutas.

Aunque muchos no lo crean, experimenté con destilación, separación y secado con alcohol; extracciones a baja o alta presión, y muchos métodos más, unos más raros que otros.

Al final terminé haciendo los tintes moliendo el elemento de donde voy a extraer el color, y luego tamizar para eliminar toda la fibra que hace que los panes no crezcan.

Y así obtuve:

Vino tinto – Extracto de jugo de remolacha.

Amarillo – Extracto de jugo de zanahoria.

Verde – Extracto de jugo de perejil, cilantro, acelga, espinaca.

Rojo – Pasta de tomates secos.

Naranja – Onoto y extracto de jugo de zanahoria.

Y así sigo experimentando a ver qué otro color logro.

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Publicado por Pan Comido

Loco de carretera, ingeniero, amante del café, hablador de paja olímpico

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